El camino de Once upon a time in Venezuela no se acaba - Runrunes
El camino de Once upon a time in Venezuela no se acaba
El equipo del largometraje sigue planificando proyecciones gratuitas en espacios públicos en Venezuela
Su campaña de impacto por IndieGogo continua disponible para apoyar económicamente con el proyecto

Si se quiere ser cineasta, sobre todo independiente, el trabajo no termina el último día de rodaje o cuando se guarda la edición final de la obra. No es apagar las cámaras y acostarse a dormir a esperar que la pieza despegue, sea exitosa, gane premios.

No. Hay que comunicar, buscar conectar, vender el producto y llegar más allá de lo esperado. 

Y eso fue algo que la directora venezolana Anabel Rodríguez Ríos y el equipo de filmación detrás del largometraje Once upon a time in Venezuela tuvieron bien claro desde el principio. 

Anabel estaba en el Congo Mirador en 2012, haciendo un cortometraje llamado El Barril que forma parte de una serie llamada Why Poverty?, cuando unos habitantes de ese pueblo sobre el agua le contaron que la laguna sobre la que se levantaban las casas se estaba sedimentando. Que el pueblo estaba desapareciendo. 

La historia, los contrastes, la polarización, el ambiente, la magia. Ella y su equipo sintieron que ese sitio lo tenía todo, visual y psíquicamente, para contarle al mundo qué estaba pasando en Venezuela a través de un pueblo de pescadores que se asienta sobre las aguas del lago de Maracaibo.

Y vieron que el relato tenía potencial de convertirse en una película larga. 

Con la idea en la cabeza, armaron un proyecto que presentaron ante el Instituto de Cine Tribeca, organización artística de Estados Unidos que se encarga de apoyar el cine independiente desde el año 2001 con subvenciones y capacitaciones.

Fueron becados, así que de ahí vino el principal empuje económico para grabar en el Congo Mirador. Esa oportunidad también les permitió hacer una red, conectar con productores de todas partes del mundo, sobre todo de Estados Unidos, conocer otros institutos de cine y posibilidades de asesoría. 

“Ahí empezó esa mente a abrirse y ese chip a cambiar. Como proyecto buscamos ubicarnos donde estaban otros colegas que, al igual que nosotros, venían de otras partes del mundo”, cuenta Anabel. 

Buscaron más apoyo, uno que encontraron en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía de Venezuela, IDFA Europa e IDFA Bertha Found, programas del Instituto Documental de Ámsterdam.

“Fuimos a varios mercados de documentales, talleres. Fueron ocho años de tener mucho contacto con la comunidad internacional de cineastas y de ver las perspectivas de cómo funciona un productor independiente”, cuenta Anabel. 

La cinta fue elegida entre 2.000 títulos y se proyectó durante una semana en el Festival de Cine Sundance 2020, uno de los festivales más importantes del cine independiente, que se realiza anualmente en el estado de Utah. Eso no fue exactamente una sorpresa. Fue emocionante, pero fue producto de un trabajo, hacer que las cosas sucedan. No un regalo.

“Yo creo que estos espacios se abren. Cuando tu empiezas a preguntar a programadores de festivales qué hace la diferencia entre las películas, analizas estas cosas. Por supuesto tiene mucho que ver con cómo está construida la historia, que tan conmovedora es; pero también tiene mucho que ver que tú estés conectando ese proyecto y esa historia dentro de esa comunidad. Eso es fundamental”.

Sin miedo a mercadear

Buscar conectar con una comunidad que apoye el proyecto fue la clave. No huir de la mercadotecnia. Si se hizo un producto, hay que buscar la forma de venderlo. 

“Es todo un ejercicio de conectar historias y de crear para que esto empiece a tener una posición. El mismo impulso central de la película es el mismo que usas para comunicar y para vender”. 

Y Anabel insiste: “Si uno quiere ser cineasta independiente, ahí es donde está una gran dificultad. Hay que pagar por la vida, insertarse de algún modo en el mundo y que valoren el trabajo y que ese mismo trabajo te permita continuar. Se trata de profesionalizar tu ocupación”.

Junto a su equipo fueron contestando las preguntas, apoyados de asesoría, para darle direccionalidad al montaje de filmación. ¿Cuál es la audiencia? ¿Cómo se va a comunicar la película? ¿En cuál festival van a entrar si no te aceptan en uno? ¿Cuál es la estrategia? 

No hubo regalos caídos del cielo.

Once upon a time in Venezuela pasó también por el Miami International Film Festival, la selección del Festival de Cartagena, Hot Docs en Toronto,VIFF Festival de Vancouver y al menos por otros siete festivales de Europa y América.

También recibió el reconocimiento a Mejor Documental y Premio de la Prensa en el 16º Festival de Cine Venezolano, así como la Mención Especial del Jurado en el International Film Festival and Forum on Human Rights (FIFDH), uno de los eventos internacionales más importantes dedicados al cine y a los derechos humanos en Ginebra.

El documental que cuenta la historia del pueblo pesquero del Congo Mirador recorrió más de 25 festivales internacionales, de los que se llevaron ocho premios.

Soñar en grande

Después de todo el trabajo hecho, festivales visitados, premios ganados… ¿Cuál era el siguiente paso? 

“Haciendo esa campaña de impacto uno se da cuenta que el escenario de mayor impacto en el mundo son los Premios Oscar”. El 28 de enero, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos preseleccionó a Once upon a time in Venezuela para las categorías Mejor Película Internacional y Mejor Largometraje Documental, en el primer corte de 93 películas.

Aunque Anabel sabía que el chance era pequeño, no pudo evitar tener la convicción y ver la escena en su cabeza de cómo la primera producción venezolana llegaba los Óscar. Pero Once upon a time in Venezuela no pasó a la segunda ronda de selección, según se conoció el 9 de febrero.

Eso jamás significó dar por terminada la tarea. Hay vida más allá de los Óscar. “Fue un bajón. Pero uno agarra ese golpe con las mismas y al día siguiente de inmediato estaba trabajando como todos los días de mi existencia”, dice Anabel. 

Una de las finalidades de la campaña de impacto del largometraje que pensaron fue incidir en el ámbito de la situación venezolana. Para eso es esencial hacer el mayor número de proyecciones posibles, presentarlo en cines y a toda la comunidad venezolana, principalmente. 

El equipo de Once upon a time in Venezuela está centrado en hacer trabajo comunitario, producir foros, hacer conversatorios, hablar de lo que se tiene que hablar. “Tanto dentro de Venezuela o en sitios donde el tema de los refugiados es importante”. 

Es por eso que el recibimiento ha sido un gran impulso para seguir haciendo que la historia del Congo Mirador llegue a todas las fronteras. 

“Para eso es que uno hace todo ese esfuerzo y es para comunicar. Y como artista nunca me había pasado así tan contundentemente que hubiésemos logrado una narración que fuese clara y contundente para transmitir un sentimiento de corazón a corazón. Y eso es increíble, sentir que esta película está ayudándonos a hacer una catarsis que no hemos hecho. A mí me reafirma en un camino para continuar narrándonos a nosotros, tratar de entender lo que nos ha pasado y también buscar la manera de animarnos”. 

El equipo del largometraje sigue planificando proyecciones gratuitas en espacios públicos en todo el territorio durante los meses de marzo, abril, mayo y junio. Asimismo, su campaña de impacto por IndieGogo continua disponible para apoyar económicamente con el proyecto y para disfrutar de la película en Secret Screening.

Crearon una campaña de impacto en el extranjero, en la que han proyectado y charlas para reflexionar sobre la situación en Venezuela. Once upon a time in Venezuela fue vista en España en las ciudades de Madrid, Barcelona, Valencia, Tenerife, Bilbao y Zaragoza gracias al trabajo en conjunto de distribuidoras.  

Además, estuvieron proyectando la película de forma mixta (en sala y digital) en el Festival de Cine de Luxemburgo y participó en Cine Latino, un festival de cine dedicado al cine latinoamericano, organizado por tercera vez en 2021 por el Festival Internacional de Cine de Bergen, en Noruega.

FacebookTwitterLinkedInShare