Maduro se aleja del socialismo: ¿quiénes ganan y quiénes siguen en el foso? - Runrunes
Maduro se aleja del socialismo: ¿quiénes ganan y quiénes siguen en el foso?
El gobierno afloja el control de la economía y genera una mejoría focalizada. Datanálisis indica que entre 35% y 40% de la población califica su situación en positivo. Fondos de inversión extranjeros evalúan opciones en el país. El petroestado agoniza y comienza un cambio estructural

 

@vsalmeron

 

Atrás quedan los tiempos en que un océano de petrodólares mantenía a flote a la economía controlada y subsidiada. Con las manos vacías, sin financiamiento y bajo el impacto de las sanciones de Estados Unidos, Nicolás Maduro recurre a la empresa privada para contener el deterioro y alienta una apertura que oxigena a sectores específicos, mientras otros permanecen en el foso de la crisis.

La mayoría de las leyes aprobadas para maniatar al mercado siguen vigentes, pero en la práctica, el mandatario venezolano está enterrando la ilusión en el socialismo del siglo XXI: no hay regulación de precios, el dólar circula libremente, hay incentivos para las exportaciones, diálogo con los empresarios y la agenda del gobierno contempla la privatización de empresas públicas.

Tras siete años consecutivos de recesión, la economía venezolana es un tercio de lo que era en 2013 y la mayoría de los analistas espera que en 2021 se estabilice en la miseria, con crecimiento o decrecimiento del PIB en torno a uno por ciento. Pero en determinadas áreas, la desregulación crea oportunidades de negocios e incremento del ingreso.

“Hay un cambio substancial, el gobierno ya no puede controlar la economía y permite una apertura de facto que genera ganadores y perdedores. Existen los que pueden desarrollar negocios y ganar dinero, los que siguen fuera del juego y los que están obligados a producir cambios fundamentales en sus empresas o de lo contrario saldrán del mercado”, explica Luis Vicente León, director de Datanálisis.

La bendición de exportar

En Portuguesa, la provincia con las tierras más fértiles de Venezuela, agricultores están exportando frijol chino a Vietnam, Turquía y China. “Las tierras nuestras son muy buenas para el frijol, el precio aumentó en el mercado internacional y los costos de producción son bajos”, dice Daniel Dorazio, quien administra una finca.

Como se trata de un negocio que genera ingresos en divisas y no necesita créditos en cantidades elevadas, el financiamiento bancario, bastante escaso para otras actividades, fluye adecuadamente. “Al principio había solo dos empresas, pero ahora hay alrededor de diez que compran el frijol chino, lo limpian y exportan”, dice Daniel Dorazio.

Aparte del frijol chino las exportaciones de otros productos como ron, cacao, camarones y colas de langosta están creciendo. Luis Vicente León explica que “quienes exportan productos con precios elevados respecto a sus costos de producción tienen una gran ventaja y están aumentando sus ventas, este año este tipo de exportaciones podría alcanzar los tres mil millones de dólares”.

 Los exportadores conservan 80% de los dólares que les ingresa y el resto las ofertan en el mercado de divisas que, a diferencia del pasado, tiene un tipo de cambio que no está controlado y fluctúa diariamente.

El contraste

Formalmente la moneda sigue siendo el bolívar, pero el gobierno permitió una dolarización de facto. El dólar se utiliza para calcular los precios y crecientemente como medio de pago. En el sistema financiero, los bancos reciben depósitos y otorgan créditos en dólares a través de sus agencias en el país o sucursales en el exterior.

Las empresas emplean sus dólares libremente para importar materia prima, pagar bonos a los trabajadores y cancelar a sus proveedores. Además, una capa de la población tiene ahorros en el exterior y otros reciben remesas.  El flujo de divisas también recibe aportes de la venta de oro, las menguadas exportaciones petroleras, las exportaciones de productos como el frijol chino y la economía negra: contrabando, narcotráfico y extorsión.

El resultado es un mercado dual, en dólares y en bolívares, donde quienes tienen ingresos en divisas consumen más que los que están fuera de este circuito y sobreviven con un ingreso precario. De acuerdo con un estudio de Datanálisis elaborado en noviembre de este año entre 35% y 40% de los venezolanos manifiesta que su situación personal es buena o muy buena. En febrero de 2019 solo 15% tenía una visión positiva.

“Estas personas sienten una mejora relativa en su situación personal por la apertura y dolarización de la economía. No se comparan con el pasado lejano, sino con el reciente; no consideran que la situación del país es buena. Mayoritariamente evalúan de manera negativa la gestión del gobierno”, explica Luis Vicente León.

Profesionales como médicos, odontólogos e ingenieros ahora calculan sus tarifas en dólares y compensan de mejor manera el impacto de la inflación, que continúa a un ritmo de dos dígitos al mes.

Alfredo Guzmán, gastroenterólogo, explica que “antes de la dolarización cobraba en bolívares y mi consulta equivalía a tan solo 20 dólares, hoy cobro 120 dólares por consulta. Atiendo a menos pacientes, pero mis ingresos han aumentado”.

El consumo

La dolarización, con su efecto en el consumo y la liberación de precios, que permite que las empresas ajusten sus costos, beneficia principalmente a los sectores de alimentos básicos, medicinas y artículos de cuidado personal.

Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, explica que “hay una base de consumo que principalmente se dirige hacia esas áreas. Son sectores que en esta coyuntura pueden tener signos positivos”.

El coronavirus, en el caso de las empresas de alimentos, ha traído algunos beneficios. Empresarios explican que la pandemia ha hecho que disminuyan las importaciones de productos básicos como arroz, leche y harina, ayudando a que aumenten las ventas.

Pequeñas compañías que prestan servicios en el área de las telecomunicaciones también comienzan a capitalizar el efecto de la dolarización. “Ha aparecido algo de oferta en el sector de tecnología y telecomunicaciones. Nichos como el internet móvil, internet por fibra e inalámbrico. Les ha favorecido el relajamiento en los controles hacia el sector”, dice Asdrúbal Oliveros.

En los centros comerciales emblemáticos de Caracas como Tolón y San Ignacio se evidencia un aumento en el alquiler de los locales. Fuentes del sector explican que este año la ocupación promedio, que cayó por el impacto de la pandemia y la recesión, podría superar 85%.

En el radar de los fondos

El 10 de noviembre de 2020 Cargill, la multinacional estadounidense productora de alimentos, vendió sus plantas en Venezuela de harina, aceites, grasas y pastas al fondo Phoenix Global Investment y al grupo local Puig. La transacción podría ser el inicio de un proceso donde fondos de capital de riesgo inviertan en compañías venezolanas que buscan compradores o socios para fortalecerse.

Oscar Doval, presidente de Moore GSF, una firma que gestiona mandatos de fondos de inversión explica que “Venezuela se ha vuelto un país apetecible para fondos que invierten en países riesgosos en búsqueda de altos rendimientos; hay interés de fondos latinoamericanos, norteamericanos, asiáticos y del Medio Oriente”.

“En Venezuela el precio de los activos en compañías que están en sectores como alimentos o productos de cuidado personal es atractivo. La inversión se puede recuperar en tres o cuatro años, es un país que está prácticamente dolarizado y hay poca vocación de controles estatales por el momento”, añade Oscar Doval.

El interés por vender o asociarse no es solo de las empresas privadas. Desde el pasado 12 de octubre el gobierno cuenta con la Ley Antibloqueo que le otorga amplios poderes para privatizar o transferir la gestión de empresas públicas.

La agonía del petroestado

Durante los últimos cien años la economía venezolana giró en torno a la distribución que hacía el Estado de la riqueza petrolera empleando una cantidad excesiva de trabajadores, vendiendo dólares artificialmente baratos que impulsaban el consumo, subsidiando elementos clave como el costo de la energía y contratando a empresas privadas.

Este esquema es cosa del pasado y su fin es la causa principal de que la economía, más allá de áreas específicas, continué sumergida en sectores fundamentales como petróleo, industria y construcción que tienen un peso determinante en el PIB.

Tras años de mínima inversión, fallas de gerencia y corrupción rampante, la producción de petróleo comenzó a caer velozmente en 2017 y en 2019 las sanciones de Estados Unidos aceleraron la debacle. La consecuencia es que el país produce, de acuerdo con las cifras entregadas por el gobierno a la OPEP, 430 mil barriles diarios, el nivel más bajo desde 1935 y 87% menos desde que en 1999 Hugo Chávez inició la era de la Revolución Bolivariana.

El ingreso proveniente del petróleo se esfumó y las perspectivas de recuperarlo en términos relevantes lucen mínimas con Pdvsa, la empresa petrolera del Estado, en situación deplorable y una transición energética a escala global que implica un declive gradual en el consumo de combustibles fósiles.

Las empresas del plástico reflejan la nueva normalidad. La industria del plástico transforma insumos provenientes de la petroquímica y en 2006 el expresidente Hugo Chávez anunció faraónicas inversiones para ampliar la capacidad de la petroquímica en el país. Además, los empresarios del plástico recibieron créditos y divisas baratas con las que importaron máquinas para competir con Brasil, Alemania y Japón en el mercado global.

Pero el gobierno no concretó la ampliación de la petroquímica; Pequiven, la planta existente, opera precariamente y la demanda en el país de los productos elaborados con plástico se desplomó. Actualmente, las máquinas de la industria del plástico trabajan al 15% de su capacidad.

Sin las compras del Estado y sin el impacto en el consumo que tenía el ingreso petrolero el mercado se redujo a su cuarta parte y las plantas de la industria en sectores como metalmecánica, plástico, automotriz y pinturas tienen un tamaño desmesurado.

Luis Vicente León resume que “las empresas dirigidas al consumo de la Venezuela en esplendor del gasto petrolero tienen escalas de plantas que no van a poder utilizar de nuevo. Están en peligro, algunas podrán superar el reto cerrando plantas, produciendo cosas nuevas o exportando. Pero convertirse en exportador no es simple”.

“El sector de la construcción está muy afectado porque no está en el juego, el gobierno está más preocupado por comida y medicinas que de construir una carretera o arreglar un puente. En el futuro puede ser que por la apertura se privaticen todos los sectores de construcción pública”, agrega Luis Vicente León.

Asdrúbal Oliveros considera que “el colapso de servicios esenciales para la producción como el de la energía eléctrica, el déficit de combustible y un sistema financiero enano colocan un techo muy bajo al crecimiento de la economía”.

El dos de febrero Nicolás Maduro afirmó que “2021 debe ser el año del nuevo crecimiento económico, debe ser la consolidación del proyecto Bolivariano”. Por ahora, todo apunta a un sistema donde algunos respiran y la mayoría continúa hundida en la crisis. Mientras tanto, discretamente, el plan socialista se desvanece.

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