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OPINIÓN

Venezuela en blanco y negro, por Carolina Jaimes Branger
Los testaferros, aguantadores y cómplices están a lo largo y ancho de toda nuestra geografía. Contra el cáncer del chavismo no hay quimioterapia que pueda

 

@cjaimesb

Son unos valientes quienes deciden emprender o seguir trabajando en Venezuela. Por eso los apoyo a través de mi programa de radio y mis redes. Sus vidas son una dificultad detrás de otra. Un chalequeo constante de parte de las autoridades y cuando digo autoridades me refiero a TODAS. Desde el Seniat, pasando por el Inpsasel, las notarías, los registros, el Saime… Y como si eso fuera poco, también tienen que lidiar con los cuerpos de seguridad del Estado.

La industria y el comercio viven su peor momento de nuestra historia republicana. Peor que en el siglo XIX, básicamente porque en el siglo XIX los corruptos estaban solo en la cúpula gubernamental. No es esta historia de hoy donde hay corruptos en todas partes. Y no solamente dentro del régimen. Los testaferros, aguantadores y cómplices están a lo largo y ancho de toda nuestra geografía. Aun cuando salgamos de Maduro y su combo y la economía refleje un repunte importante, quedará el destrozo moral de nuestra sociedad, que quién sabe cuánto tiempo tomará reconstruir, si es que se reconstruye.

Por eso admiro todavía más a nuestros emprendedores, empresarios y comerciantes honestos. Leer sobre los “negocios” de Alex Saab en Venezuela produce escalofríos.

Toda la maquinaria del Estado venezolano se puso a su servicio para acompañarlo a delinquir. La gente que ha muerto de hambre, mengua y enfermedades fueron asesinadas por él, sus cómplices y gente como él. ¡Y estos comunistas se regodean hablando de que trabajan por y para el pueblo! Llegaron, encontraron, mal administraron y se robaron un dineral que, en apariencia, no tenía dolientes: el Estado venezolano.

Pero si ya llegamos al punto de no retorno… como ese dinero no va a ser devuelto, ¿por qué tomarla en contra de quienes sí trabajan? Esta triste pregunta tiene una respuesta aún más triste: porque como los sueldos de la administración pública son de miseria, el régimen se hace el ciego ante los abusos de autoridad, cobros de peajes, chantajes, sobornos y otras especies delincuenciales que sus empleados aplican para “redondearse” el quince y el último. Y esos “redondeos” son cada vez mayores. A un amigo cercano el Inpsasel le está cobrando un “arreglo” de tres veces más de lo que produjo durante todo el año pasado.

Encima, quienes producen artesanalmente tienen como principales enemigos a los enchufados dueños de bodegones. Mientras estos últimos importan exentos de impuestos, los guerreros que siguen adelante a pesar de todo tienen que pagar no sólo impuestos, sino las matracas de la administración pública. Eso también es una violación a los derechos humanos, pero ¿a quién le importa, sino a los dolientes y sus círculos cercanos?

Y la guinda del postre es que cuando llevan su mercancía a uno de esos bodegones -productos de excelente calidad y primorosa presentación- los despachan con un “aquí solo vendemos productos importados”. Contra el cáncer del chavismo-madurismo no hay quimioterapia que pueda…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Un árbol llamado libertad, por Orlando Viera-Blanco*
Un ejemplo que ha dado al mundo un cuerpo diplomático con muchas carencias pero pleno de sentimiento, se ha convertido en un pilar de inspiración y compromiso de los cuerpos diplomáticos de nuestros aliados

 

@ovierablanco

Recientemente entrevisté en nuestro programa dominical Enfoque Global, a nuestra embajadora designada en Brasil, María Teresa Belandria. Fue buena la ocasión para conocer su experiencia diplomática en un país que es un continente, y sus inmensos esfuerzos (al igual que el resto del cuerpo diplomático) para cumplir responsabilidades consulares, diplomáticas y humanitarias. Experiencias muy especiales que evidencian elevadísimos sentimientos y virtudes.

Atravesando un continente

Lo primero que destaca la embajadora Belandria es su gratitud con las autoridades y el pueblo de Brasil. “Brasil es una nación muy generosa y amable, acostumbrada a recibir migrantes de todas partes del mundo. Son gente cariñosa, decente y abierta, por lo que afortunadamente en Brasil no registramos casos de xenofobia”.

En los estados de Roraima y Amazonas -fronterizo con Venezuela- existen campos de refugio que albergan hasta a 50.000 venezolanos. Viajar desde Brasilia -la capital- supone más de tres horas de vuelo. Sin recursos para cubrir gastos y logística, el cuerpo diplomático del presidente Guaidó atiende encuentros donde está nuestra diáspora. La recompensa es extraordinaria. Tanto damos acompañamiento a nuestra gente como nos devuelven sus abrazos entre lágrimas y sonrisas. Una diplomacia no convencional -de un país expatriado- cuya tarea es ver a los ojos a nuestros necesitados y llevarles esperanza y protección.

En Brasil hay unos 350.000 venezolanos acogidos de forma cálida y ordenada por el coloso del Sur. El Plan ACOGIDA ha dado a nuestros migrantes identidad, que le da derecho a trabajar, asistencia médica, educación e incluso beneficios por paro forzoso, como lo fue el caso de la COVID-19. La misión diplomática en Brasilia ha tramitado más de 5.000 requerimientos consulares; ha reforzado el impulso de la ayuda humanitaria, atendido a nuestros refugiados, coordinado suministros de alimentos y medicinas e incluso participado en programas de donación de plasma por la COVID-19.

Me gusta compartir estas experiencias… Sin sede, despacho, ni presupuesto el empeño diplomático no decae. Y, por el contrario, brota el compromiso y la solidaridad por nuestra gente, ¡haciendo, de un abedul, montañas!

Embajadores de la luz

La labor del embajador Carlos Scul en Perú es realmente heroica y valiente. Lidiar con episodios de xenofobia, discriminación y penurias de nuestros migrantes, después de largas caminatas, exige mucha tolerancia, comprensión y firmeza. Desde Lima a Cusco, Arequipa o Trujillo, nuestros viajeros y refugiados libran difíciles batallas; cruzando la cordillera andina, la selva amazonas y peligros inesperados, camino además hacia Colombia, Panamá, Ecuador, Chile, Paraguay, Uruguay o Argentina. Si lo logran el reto será la adaptación a otras culturas, y sobrevivir. Esta es la realidad que encara nuestra representación diplomática en Latinoamérica. Una situación difícil donde el mejor gesto contra el desplazamiento es la unidad y la conmiseración tanto de las autoridades de la subregión como la fraternidad de su pueblo. Pero también de los venezolanos.

Esa también ha sido la labor titánica de Elisa Trotta en Argentina, Guarequena Gutiérrez y Carlos Millán en Chile, Fabiola Zabarce en Panamá, María Farías en Costa Rica, María Teresa Romero en Guatemala, Héctor Quintero en Ecuador, Claudio Sandoval en Honduras, David Olson en Paraguay, Reinaldo Díaz en México, ‪Tomás Guanipa en Colombia; Eusebio Carlino Linares en República Dominicana, Rafael Domínguez en el Caribe, Carlos Millán en Chile, Carlos Vecchio en US, Gustavo Tarre Briceño ante la OEA, Miguel Pizarro en NNUU.

Una fiel demostración de la Venezuela preparada, honesta, comprometida, decente, de buen corazón que, contando con un voluntariado, un teléfono, un ordenador, un escudo y una bandera, hemos podido darle representación, socorro y orientación -que es dignidad- a nuestra gente en el mundo. Capítulo aparte, igualmente meritorio, merecen nuestros representantes en Europa. A ellos me referiré en una nueva entrega.

Compartir estas honrosas y nobles experiencias no pretende más que elevar nuestra autoestima grupal y nuestra resiliencia, rescatando el prístino sentido de nuestro plasma cultural.

Venezuela representada en el cuerpo diplomático designado por el presidente [e] Juan Guaidó y la Asamblea Nacional, es la que palpita libertad, paz, justicia y democracia.

Y además, confianza y amistad. No en un plano idílico sino sudado con sangre, honor y lágrimas, por la Venezuela que viene y anhelamos.

Marcel Proust decía que la esperanza es tratar de mantener un trozo de cielo azul encima de la cabeza. Nuestro querido Jacobo Borges una vez me dijo que la esperanza es el sueño de los que se mantienen bien despiertos. Esa esperanza nos ayuda ver más allá del mal momento, de las tormentas, siendo que el que vive con ella [esperanza], muere de sentimiento. Ese es nuestro bastión: visualizar la Venezuela posible, próspera, sana y justa, después de la tempestad… 

El ejemplo que ha dado al mundo un cuerpo diplomático con muchas carencias pero pleno de sentimiento, se ha convertido en un pilar de inspiración y compromiso de los cuerpos diplomáticos de nuestros aliados. En esa misión también reposa el pulmón que hará florecer un árbol llamado libertad.

* Embajador de Venezuela en Canadá

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El señorío de la Cota 905, por Laureano Márquez P.

@laureanomar

Venezuela marcha, sin duda, como Europa luego de las invasiones bárbaras, hacia una nueva forma política: el feudalismo malandro. Se van perfilando los pequeños reinos que constituye el delito, no solo en el sur del país donde la guerrilla y los narcos ya cuentan con vastos dominios, sino también en la propia capital. Se dice que la caída de Roma no fue una ruptura traumática, sino más bien una transformación gradual, hasta que poco a poco los ciudadanos fueron cayendo en cuenta de que el imperio ya había desaparecido. La destitución del último emperador de occidente fue una especie de formalidad, algo así como que los bárbaros dijeron: «Ese Rómulo Augústulo ¿qué dice? Mira, chamo, si nos fueranos dao de cuenta que tú estabas aquí, te fueranos quebrao antes, así que pírate de una». Claro todo esto dicho en perfecto latín.

Esta transición feudal que vivimos de una forma política malandra a otra, donde ya el poder no se concentra en uno, sino en muchos, va creando sus propias reglas.

Los señores feudales organizan su propio ejército y muy bien armado. Crean su propia corte malandra y si le brindan algún apoyo a un poder central, que termina siendo más simbólico que real, es bajo la vieja fórmula: «nos, que valemos tanto como vos, y juntos más que vos, os hacemos señor entre iguales». Iremos viendo, poco a poco, complejas formas de vasallaje entre bandas armadas y quién quita que con su propio ceremonial. Alianzas estratégicas entre ellas para mantener su fuerza y ocasionales vínculos con el poder central al que se reconoce formalmente, siempre y cuando este respete el poder del pran sobre su feudo. De hecho, el control hamponil sobre sus señoríos es total,  tómese debida nota de que allí no entran esos ejércitos a los que no les falta valor para arremeter en contra de estudiantes desarmados, pero a los que, ni por asomo, se les ocurre plantar cara a otros ejércitos, tan poderosos e inescrupulosos como ellos o incluso más.

Así como el señor feudal tenía derechos sobre todo lo que estaba bajo su dominio, el señor malandro controlará su zona, obtendrá los beneficio de los que en ella trabajen, que terminan convertidos en siervos en una relación de vasallaje. De hecho, podríamos decir que el pranato, que es el territorio bajo el dominio del pran, equivale a lo que en la Edad Media fueron los ducados, condados o marquesados. El pran tiene derecho a administrar “justicia” en su feudo, a cobrar impuestos de atraco, a secuestrar siervos, a disponer de sus vidas, a imponer las leyes que él considere convenientes y a conquistar otros territorios con su ejército montado en caballos de hierro.

Esta forma política, como sucedió con el feudalismo medieval, irá generando sus propias manifestaciones en el arte y la cultura. Quizá no veamos castillos, pero sí, seguramente, mansiones amuralladas en la Cota 905 de estilo «estrangótico». Una nueva literatura también, tal vez «el rap del mío Coqui», donde se relaten sus hazañas, cantadas por los robadores, perdón quise decir los trovadores. En la pintura predominarán los frescos, de grafiti claro.

Con el colapso del sistema eléctrico, sí que se podrá catalogar con propiedad a este período de oscurantismo. Puede que algún día nuestra historiografía contemple una edad denominada “la larga noche del chavismo”.

Pero, como toda aberración histórica, terminará siendo solo un mal recuerdo. Así que, en estos tiempos, lo que hay que hacer es prepararse para el renacimiento y evitar en lo posible que el señor pran te baje de la mula.

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Vacunas y política, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

El acuerdo para traer las vacunas contra el coronavirus ha sido saludado dentro y fuera del país por muchos actores relevantes. Es natural que haya sido así. No obstante, siempre será bueno recalcar que este gesto, en manera alguna exculpa al régimen de Maduro del manejo irresponsable de la crisis originada por la pandemia. Y mucho menos del desastre asistencial del país que ha cobrado muchas más vidas que la COVID-19. Sin embargo, no agüemos la fiesta, saludemos también el acuerdo.

Lo que nos interesa en esta nota es preguntarnos si este acuerdo pueda ser extrapolado a otras esferas de la vida nacional y particularmente a la política. Para responder esta interrogante, habría que hacer previamente otra: ¿tiene Maduro incentivos para negociar otras cosas? La respuesta de este escribidor es que sí tiene. ¿Cuáles serían entonces? Pues nos aventuramos a señalar los que siguen:

1. Maduro no tiene seguridad de que en algún momento no le estalle en la cara un conflicto social de gran envergadura. La burbuja de la dolarización forzada y obligada por la propia gente, y su viraje sobre el tema del control de precios, ciertamente ha llenado los anaqueles de productos. Pero también es verdad que, cada vez, menos gente puede comprarlos.

Paradójicamente, los venezolanos que siempre han vivido de un pequeño negocio, los mecánicos, los plomeros, los jardineros, algunas profesiones liberales como médicos u odontólogos que han dolarizado sus servicios, están capeando la situación con menos dramatismo.

No obstante, los empleados públicos, los profesores universitarios y quienes viven de un salario fijo, han conocido el horror de la depauperizacion.

Estas capas medias informadas, activas, son un foco permanente de inconformidad que en cualquier momento puede hacer masa crítica. Maduro nunca tuvo miedo de las marchas de Altamira a Miraflores, porque supo que en Chacaíto las paraba con cuatro ballenas de la Guardia Nacional. Parar una turba enardecida que baje de los cerros cercanos, es otra cosa. Su “vanguardia” está armada y son bandas salvajes, dispuestas a todo.

2. Maduro sabe igualmente que sus mecanismos de control social están mellados. Quitarle una caja CLAP, un bono, un salario, ya no intimida a nadie. Ya esa forma de presión la perdió.

3. Maduro sabe que el apresto operacional de sus fuerzas represivas está en niveles peligrosísimos. Las tropas y las policías están sufriendo en primera línea la crisis social, incluyendo la covid-19.

4. Maduro no tiene confianza en su entorno. Las sanciones le están impidiendo satisfacer todas las apetencias. Su gobierno es en realidad un sindicato de intereses de gente con mucho poder.

5. Las sanciones y las recompensas por las cabezas de personeros del régimen serían siempre una espada de Damocles pendiendo sobre ellos.

6. La mayoría de los miembros de la “nomenclatura” oficial están deseosos de obtener garantías, impunidades y vías de escape si estas son necesarias. Hay muchos nietos con ganas de conocer Disney y muchos abuelos quieren campanear un buen escocés en Miami Beach.

7. Maduro, que ha logrado mantener el campo opositor dividido, no ha podido, sin embargo, subir en el apoyo popular. Y tampoco ha logrado hacer que la presión internacional sobre él decrezca o que el apoyo de los principales factores democráticos del mundo a Guaidó desaparezca.

Si estas premisas son ciertas, que creemos que lo son, pueden estar reuniéndose las condiciones para que la comunidad internacional (incluyendo aliados de Maduro) consigan el milagro de que una negociación que lleve a unas elecciones libres, justas y verificables, tenga lugar en el mediano plazo.

Esta negociación debería superar el formato de Oslo y Barbados. Es decir, una parte de buena fe mediando entre dos factores que no se creen lo que hablan, por un formato de países interesados en la solución de la crisis geopolítica que es Venezuela y que sean GARANTES de eventuales acuerdos.

Desde ese punto de vista y para que el catarro de esa gripe no nos agarre sin pañuelo, lo que los demócratas venezolanos deberían estar debatiendo, en lugar de candidaturas, cuotas y liderazgos, es cuáles serían nuestras condiciones aceptables para ser puestas sobre la mesa. Ponerle nombre y apellido a cada una de ellas y presionar para que se instale esa mesa de negociación.

Esa sería la vacuna contra la crisis que tanto estamos esperando.

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